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Restaurante La Ferradura (Alboraia)

13 abril 2010

Hola vecin@s,

llegados a este punto, ha llegado el momento de comentar la comilona que nos dimos mi yayo y yo el pasado sábado en La Patacona, playa del querido municipio de Alboria (l’Horta Nord). Hacía tiempo que no iba y aquello está supercambiado, incluso las calles tienen otros sentidos de tráfico, vaya tela. En concreto, fuimos al restaurante La Ferradura, que podríamos calificar de caro, aunque imagino que todavía los hay mucho más caros, pero en definitiva, caro. Eso sí, comimos fenomenal, el enclave es genial y el tinglado está muy bien montado. Todo eso hay que reconocerlo. De todos modos, había estado antes, por lo que ya lo conocía.

En un principio, pedimos de entrantes sepia, clòtxines y pescadito, pero el camarero nos dijo que en Valencia sólo hay clòtxines los meses que no llevan la letra r, por lo que ahora en abril nada de nada. Así que mi yayo pidió una ensalada con queso blanco, anchoas y tomate crudo (además, le pusieron alcaparras). Pero al momento, volvió el camarero y nos dijo que tenían clòtxines de Tarragona, que si queríamos. La respuesta fue que sí y quitamos de la lista el pescadito, aunque si por mi hubiese sido, habría quitado esa ensalada, que fue un capricho de mi yayo y me huele que hinchó bastante el precio final, pues las anchoas valen una pasta. Primero vino la ensalada y me la tuve que comer acompañada de pan, pues ni el queso blaco ni el tomate crudo son de mi agardo a palo seco. Luego la sepia y por último las clòtxines, que estaban de vicio, sobre todo por el caldito, que casi me lo bebo entero, je, je!

Había encargado una paella de pollo y conejo. Normalmente, en este tipo de sitios se pide de marsico o similares, pero a mí me apetecía comerme una paella gustosa, pues tenía el mono desde hace unos días, al oler por diversos sitios a leña, entre ellos Sagunto. Así pues, nos sirvieron nuestra paellita y nos la comimos directamente en la sartén (que también se denomina paella, como bien sabéis). Lo típico valenciano es eso, comérsela así y si es con cuchara de madera mejor, pero nos conformamos con la cuchara normal. Estaba muy buena y gustosa, como yo la quería, aunque el precio final dejó muy claro que el restaurante es caro, pues para ser una paella valenciana nos cobraron demasiado. De ser de marisco o con pescado, aún lo entiendo, pero de pollo y conejo… En fin. De postre mi yayo se tomó unas fresas a palo seco, pues él tiene azúcar, y yo un flan casero con nata, y ambos un cortado. La broma nos costó 78,65 euros, pero como pagaba mi yayo, je, je! Y eso que sólo bebimos agua a lo largo de la comida. Con una botella grande nos bastó para los dos. Luego ya nos volvimos para casa. Eso es lo que me molesta de las comilonas con mi yayo, que nada más engullir hay que irse a casa con la tripa llena en el coche, no tiene paciencia, y conducir en esas condiciones es un auténtico fastidio, por no denominarlo de otro modo. Más si hacía el calor que hizo el sábado, que el sol cascaba a base de bien.

Besitos!

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